Diane es una bella abogada que, tras una pelea con su exmarido y socio, olvida su celular en un bar. Esa misma noche un hombre la llama para informarle de que tiene su teléfono y tras una simpática y agradable conversación la convence de que se vean para comer. Alexandre resulta ser un exitoso arquitecto, encantador, divertido, guapo y de una personalidad arrolladora. Solo hay un problema: mide un metro treinta y cuatro centímetros.
De esta premisa parte esta agradable comedia romántica francesa dirigida por Laurent Tirard, que es a su vez el remake de la cinta argentina ‘Corazón de León’, que debo confesar no he visto, y que trata el tema de que es importante ver más allá de la apariencia de una persona y conocer su interior (el hecho de que la persona sea millonaria ayuda un poco también). Ahora bien, la historia no cuenta nada nuevo, pues sigue la clásica receta del hombre y la mujer que se conocen, se atraen, se enamoran pero hay algo que les impide estar juntos. Y antes de que digan con sarcasmo: “Wow! Esto nunca se ha contado en ninguna película!” debo decirles que a final de cuentas se pasarán un rato agradable por una sencilla razón: Jean Dujardin. Este actor se echa la película sobre los hombros y tiene el suficiente carisma para mantenerla a flote, además de que es gracioso verlo en situaciones complicadas debido a su tamaño, aunque en algunas escenas el truco sea bastante notorio.
Y si Dujardin está perfecto en su papel, no podemos dejar atrás a Virginie Efira como Diane. Tiene encanto, es muy guapa y desde la primera escena demuestra una naturalidad para su rol, convirtiéndose en un complemento perfecto para el papel de Alexandre. No esperemos mensajes profundos, que en este caso el objetivo de la película es entretenernos, sacarnos algunas sonrisas y dejarnos tranquilos sabiendo que el sapo se casará con la princesa. Todo lo anterior definitivamente logra.
