Después de pasar con éxito por varios festivales, esta película parecía destinada a perderse entre la multitud. Afortunadamente llegó Netflix para rescatarla y regalarnos una de las mejores cintas de fantasmas en un buen tiempo.
Qué pasa cuando ya de por si la situación real que viven los protagonistas es aterradora y a esto se le añade el elemento sobrenatural? En mi caso terminó por asustarme todavía mas de lo que ya estaba. La historia se centra en una familia de clase media que vive en Teheran, justo en el tiempo en el cual Irán se encontraba en guerra con su vecino Irak. El gobierno reprime fuertemente toda costumbre que huela a Occidente y los bombardeos cada vez mas agresivos y cercanos, a lo que se suma que el padre de familia deba integrarse al ejército y sea transferido a la zona del conflicto, dejando a su esposa e hija solas en el edificio de departamentos en donde viven, el cual cada vez se queda mas solo debido al éxodo de sus habitantes.
Cada vez que las alarmas suenan deben bajar al sótano, que funciona como refugio, pero entonces la niña comienza a hablar de una presencia extraña y al poco tiempo su mamá la comienza a notar también. A partir de ahí cada noche que pasa y cada bajada al sótano es tremendamente estresante.
El director debutante en largometrajes Babak Anvari demuestra un gran oficio al permitir que una buena parte de la cinta nos involucremos en el drama que rodea a la familia, para que una vez que ya estamos lo suficientemente preocupados por ellos se introduzca el tema de los “genios”, como les llama la niña y los vecinos que cuentan las leyendas antiguas, y así el temor que ya sentíamos se multiplique y nos tenga pegados a la pantalla.
Una excelente opción y una lección de cómo hacer buen cine con un presupuesto mínimo. Y lo mejor es que está disponible en Netflix, lo cual la hace muy accesible.

