Cuando se estrenó ’El Conjuro’ no había duda de que esa muñeca llamada Anabelle era causante de muchas pesadillas después de ver la película, aun y cuando aparecía apenas unos minutos en pantalla. Los productores se dieron cuenta de esto y no tardaron en realizar la película ‘Anabelle’ centrada precisamente en esta muñeca. Lo malo del asunto fue que la cinta resulto ser bastante mala y no asustó a nadie, aunque económicamente no le fue nada mal. Esto último animó a que se hiciera una precuela, centrada en el origen de la muñeca en cuestión. El anuncio no generó muy altas expectativas e incluso se sentía totalmente innecesaria, pero oh sorpresa, el cielo se abrió y David F. Sandberg sorprendentemente realiza una cinta muy satisfactoria y aterradora, superior en todos los aspectos a su lamentable antecesora.

Samuel Mullins (Anthony LaPaglia) se dedica a fabricar y vender muñecas artesanales junto a su esposa, Esther (Miranda Otto), pero inesperadamente pierden a su hija en un lamentable accidente. Doce años más tarde abren su casa a seis huérfanas y a la monja que las cuida (la mexicana Stephanie Sigman). Entre ellas aparece Janice (Talitha Bateman), a quien la poliomielitis la ha dejado con una pierna ortopédica. Ella descubrirá que la hija de los Mullins sigue rondando la casa, ayudada por una extraña muñeca escondida en su recámara.

Quizá la película tarde un poco en arrancar, y aún y cuando la historia recurre a lugares comunes y requiere de alguna concesión de nuestra parte, una vez que comienzan los sustos ya no hay tregua para el espectador y llega el momento en que uno desea que hagan una pausa. Las actuaciones son adecuadas, sobre todo del grupo de niñas, pero es la ambientación y manejo del suspenso lo que lleva a un nivel que no esperaba a esta película.

Una excelente opción para quienes gustan de asustarse con una película.

 

Por se57r4d4

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