Dounia y Maimouna son dos jóvenes amigas. Ambas musulmanas de ascendencia árabe que viven en las zonas marginales de Paris. Dounia ayuda a preparar bebidas en un bar en donde su madre trabaja de mesera y al igual que su amiga tiene pocas o nulas probabilidades de salir adelante y tener un futuro digno, al menos por la vía legal. Un buen día se topan con Rebecca, una narcotraficante con quien logran entablar una relación y pronto están trabajando para ella, quien les promete una vida sin restricciones y les pone al alcance una salida a lo que de otra manera es una vida de miseria.

La directora Houda Benyamina se alzó con la Cámara de Oro en el pasado festival de Cannes con esta película, que retrata de una manera valiente y sincera la vida de tantos migrantes que no encuentran una manera digna de vivir y salir adelante, en este caso teniendo como telón de fondo un Paris lejano al glamour con el que se le retrata normalmente. Aquí las mujeres trafican drogas y los hombres bailan, porque así como aparece Rebecca también tenemos a Djigui, un guardia de seguridad que en su tiempo libre audiciona para un grupo de baile y es observado en secreto por Dounia, escondida en la parte alta del teatro. De esta manera ella se debate entre dos puertas que le ofrecen cada una dinero fácil y amor, y eventualmente tendrá que decidir cuál será su elección.
Una película emotiva, muy bien dirigida y con un grandes interpretaciones por parte de sus protagonistas, especialmente de una enorme Oulaya Amamra, quien en el papel de Dounia lleva su personaje de una ternura e ingenuidad a explotar con furia de una escena a otra (tan drástico como su cambio de imagen ruda a mostrar una gran belleza con solo soltar su cabello), llevada por su ambición de tener algo mejor que lo que su irresponsable madre le ha obligado a vivir.
Una gran oportunidad para ver una excelente película.
