Cuando pienso en el pueblo alemán en mi mente aparecen deportistas, políticos, escritores, soldados, constructores de autos y a Boris Becker. Lo que menos me pasa por la cabeza es la palabra “comedia”, son dos conceptos que no veo mezclados. Pero como todo tiene sus excepciones, llega la directora Maren Ade con su película “Tony Erdmann” bajo el brazo. Ya desde el pasado festival de Cannes se comenzó a correr la voz de que había una cinta alemana muy divertida y creo que mas de uno quiso ir a comprobarlo. Después de verla podría decir que si, que en efecto se trata de una comedia, sin embargo creo que el concepto de comedia alemán es mas serio que el del resto del mundo, y aunque si tiene situaciones para reírse, lo hace de una manera muy sutil y contando con algo de nuestra colaboración.
La película inicia con un mensajero llevando un paquete a una casa. Después de tocar varias veces abre una persona, quien dice que el paquete no es para él sino para su hermano. Regresa al interior de la casa y vuelve a salir la misma persona vestida diferente ante el asombro del mensajero. Así conocemos por primera vez a Tony Erdmann.
Winfried Conradi (Peter Simonischek) es un hombre que tiene una manera muy peculiar de enfrentar la vida, utilizando el absurdo para lidiar con cualquier situación. Su hija Inés (Sandra Hüller), por el contrario, se ha convertido en una mujer totalmente metódica y organizada al extremo. Permanece siempre al teléfono y entregada por completo a su trabajo en Bucarest. Para ella la espontaneidad es algo impensable e incluso cualquier elemento de distracción lo realiza de manera mecanizada y organizada.
Winfried se da cuenta que su hija no es feliz, por lo que decide ir a visitarla a Bucarest, primero como su padre, entonces se dan cuenta que existe un abismo entre ellos y es imposible comunicarse, por lo que regresa con peluca y dientes falsos y asi su hija conoce a Tony Erdmann (aun sabiendo desde un principio que es su padre), quien se las ingenia para aparecer en todos los lugares que su hija frecuenta, involucrándose con su círculo de amistades y de trabajo, tratando de reeducar a su hija y ella pueda ver la vida desde una distinta perspectiva.
Al final veremos cómo estos dos solitarios personajes (porque a fin de cuentas ambos lo son) logran estrechar la distancia entre ellos mientras nosotros los acompañamos en este largo pero agradable viaje de casi tres horas de duración, que en realidad casi no se sienten, rematando con una fiesta en la que Inés decide cambiar su perspectiva de la manera mas inesperada.
Una muy buena película que nos hace ver el cine alemán de una manera diferente.

