El reconocido director coreano Kim Ki-duk nos trae su mas reciente película, Pietà, con la que se alzó con el premio principal en el pasado Festival de Cine de Venecia, que no es poca cosa. No es una película fácil de ver, hay imágenes difíciles de soportar pero detrás de todo hay una buena película, que tiene varios mensajes bajo el brazo, principalmente una crítica feroz contra el capitalismo.

Su trama se centra sobre Kang-do, un hombre sin escrúpulos ni sentimientos, quien trabaja para un usurero cobrando las deudas estratosféricas que las personas deben de pagar después de unos intereses imposibles de cubrir. Sin importarle la situación de las familias, pasa cual mensajero de la muerte a casino pa natet hacer lo necesario para cobrar la deuda que tienen con su jefe, y la manera más fácil para él es mutilándolos para de esa manera cobrar el seguro por invalidez y pagar así su deuda.
Todo cambia un dia en que aparece Mi-sun, quien le asegura ser su madre, disculpándose por haberlo abandonado al nacer y buscando recobrar su afecto, aún a costa de los crueles y humillantes castigos que constantemente le propina Kang-do, quien eventualmente termina aceptándola y cayendo en una dependencia hacia ella, transformándolo y llevándolo a un desenlace que si bien puede ser algo previsible, no deja de tener elementos de sorpresa.

Kim Ki-duk nos da con un mazo en la cabeza para mostrarnos cómo el mundo ha perdido valores y se ha vuelto insensible, volcado en sacar beneficios a costa de quien y lo que sea. Y no se toca el corazón para mostrarnos mutilaciones, violencia extrema, masoquismo, crueldad animal e incluso incesto para enviarnos su mensaje. Habrá algún discípulo de Freud vivo para darle una cita?
En resumen, una muy buena película, pero definitivamente no es para el gusto general. Si bien los personajes encuentran la redención que posiblemente ni siquiera estaban buscando, el camino que los lleva a ello no es nada agradable.