Lucas es un querido y conocido miembro de una pequeña comunidad en Dinamarca (que para efectos prácticos podría ser cualquier lugar del Mundo) que trata de reconstruir su vida después de un divorcio, tratando de mantener un vínculo con su hijo adolescente, quien vive con su ex esposa. Está comenzando una nueva relación y las cosas parecen marchar bien. Es un profesor que se dedica a trabajar en una guardería, en donde tanto padres como niños lo admiran y respetan. Sin embargo de pronto surge un comentario inocente, una mentira que despierta dudas…las cosas se ponen mal.
Lo que comenzó como un ambiente de amabilidad y hermandad entre los habitantes del pueblo, se convierte en un infierno para Lucas, quien sufre las consecuencias de la desconfianza, histeria colectiva e incluso las agresiones de quienes se consideraban sus amigos. Se desata una verdadera cacería, y Lucas tendrá que hacer lo posible para limpiar su nombre.
En la película ‘La Caceria’ (Jagten, por si dominan el danés) dirigida con mucho acierto por Thomas Vinterberg (La Celebración) y protagonizada por un excelente Mads Mikkelsen (Hannibal Lecter en la serie de TV), tenemos una historia difícil, pero que en manos de un equipo talentoso hace que sea imposible separarse del sillón hasta conocer el destino de Lucas, quien a su manera intenta salvar su reputación. Es angustiante ver por lo que le tiene que pasar, con las manos atadas y expresando muchas veces con una sola mirada su sufrimiento, vergüenza, ira. Mención especial merece la niña Annika Wedderkopp, quien interpreta, con una solvencia que ya quisieran muchos actores adultos, a la niña que detona todo.
Lucas no tiene que esperar a un juicio legal para sufrir las consecuencias, pues el pueblo se adelanta y lo declara culpable sin siquiera cuestionar. Lucas es prácticamente señalado por la sociedad en general, pero al mismo tiempo se nos pone a pensar de qué lado nos pondríamos en una situación como la que nos expone Vinterberg.
Y ese gran final, que nos deja claro que la sociedad es en general hipócrita, y que la sombra de la duda seguirá presente.
No se la pierda!

